El Viaje

Viajar a Marte es uno de los grandes retos de la exploración espacial. ¿Qué consecuencias habría sobre la salud de los astronautas que estuvieran en una hipotética misión tripulada? Hace un tiempo os contábamos cómo la compañía Mars One buscaba voluntarios para un viaje de ida a Marte. Su propósito era establecer un asentamiento humano en el planeta rojo, una idea bastante extravagante que, sin embargo, parecía no tener en cuenta los problemas asociados a viajar a Marte. Y es que presentarse como voluntario en la misión de Mars One, podría parecer, al menos a priori, una locura. La investigación espacial aún trata de evaluar cuáles serían las consecuencias (fatales) de mandar una tripulación de astronautas en una exploración para viajar a Marte.

Una pregunta, sin embargo, nos asalta. ¿Qué tiene el planeta rojo que no tenga la Luna? Si ya hemos sido capaces de mandar misiones tripuladas a nuestro satélite, ¿por qué no hacerlo a Marte? ¿No podríamos acaso repetir la proeza del Apollo 11? 
Para empezar, las diferencias entre viajar a Marte y a la Luna son casi abismales. Como explicaba Daniel Marín en su blog Eureka, el principal obstáculo no es la distancia. El problema logístico se basa en construir una nave de aproximadamente 4500 toneladas, o lo que es lo mismo, ensamblar algo que tenga 12 veces el tamaño de la Estación Espacial Internacional. Y es que viajar a Marte supondría abandonar el campo gravitario terrestre, como cuenta Marín, algo realmente complejo para las misiones espaciales de hoy en día. El problema inicial, por tanto, supondría que deberíamos contar con sistemas de propulsión y combustibles de mayor eficiencia. Pero aún hay más. 
¿Quedarían afectados los astronautas que fueran a Marte? Los impedimentos de los que
hablaba Daniel Marín en su blog se asocian a las condiciones físicas y logísticas relacionadas con viajar a Marte. Pero no deberíamos obviar que, de enviar una misión tripulada al planeta rojo, habría que considerar las consecuencias biológicas que esto tendría. Eso es precisamente lo que han hecho investigadores del Lyndon B. Johnson Space Center, la Universidad de Nevada y la Universities Space Research Association, en su último trabajo publicado en la revista PLOS One. Los científicos norteamericanos han tratado de evaluar cuáles serían las consecuencias de las elevadas tasas de radiación sobre los seres humanos que fueran a viajar a Marte. En particular, los astronautas que participaran en una misión espacial de este tipo, se verían expuestos a una tasa de radiación parecida a estar sometidos durante tres años a la acción de los rayos cósmicos. Esta radiación cósmica, formada en su mayor parte por partículas cargadas (90% son protones, 9% partículas alfa y 1% de partículas más pesadas), y de naturaleza eléctrica, presenta peligros evidentes para la salud. Los efectos sobre los astronautas en Marte estarían mediados específicamente por rayos cósmicos galácticos. Anteriores estudios de la NASA consideraban que los problemas radiobiológicos asociados tenían que ver con el incremento del riesgo de padecer cáncer (ya que la radiación provocaría mutaciones genéticas importantes) y con el desarrollo deproblemas cardiovasculares.

 La investigación publicada ahora se centra en cuantificar el riesgo para la salud de este tipo de rayos cósmicos sobre los que decidieran viajar a Marte. En particular, analizaron el aumento de la tasa de muerte asociada a la exposición de radiación, conocido en inglés como REID. El incremento del REID sería de un 10 y 20% para misiones tripuladas a Marte, evaluando solo problemas relacionados con la aparición de tumores o de enfermedades cardiovasculares. Estudios posteriores deberían analizar los riesgos asociados al sistema nervioso central. La comparación entre los diferentes efectos sobre la salud de la radiación terrestre y la que recibiríamos en Marte debería hacernos reflexionar sobre los obstáculos que aún quedan por resolver. Viajar a Marte sigue siendo todavía una bonita utopía de la exploración espacial.